Construir autocontrol y empatía
El autocontrol y la empatía no son habilidades innatas que aparezcan de forma automática; se desarrollan con el tiempo y a través de la experiencia. En este capítulo, Siegel y Bryson explican que el cerebro infantil aprende estas capacidades principalmente a partir del ejemplo y la relación con los adultos.
Cuando un niño es acompañado con calma durante momentos difíciles, su cerebro va internalizando esas respuestas. Poco a poco, aprende a detenerse, a pensar antes de actuar y a considerar cómo se sienten los demás. El autocontrol no nace del miedo al castigo, sino de la seguridad emocional.
La empatía, por su parte, surge cuando el niño se siente comprendido. Al experimentar empatía por parte del adulto, aprende a reconocer emociones ajenas. Escuchar, validar y respetar sus sentimientos crea un modelo interno que luego replica en sus relaciones.
Los autores subrayan que enseñar estas habilidades no requiere discursos largos ni correcciones constantes. Se construyen en lo cotidiano: al resolver conflictos juntos, al reparar errores, al mostrar respeto incluso cuando el niño se equivoca.
Este capítulo refuerza una idea central del libro:
los niños aprenden a relacionarse consigo mismos y con los demás a través del vínculo.
Un cerebro que se siente seguro es un cerebro capaz de regularse y de conectar con otros.