El rechazo final y la liberación

Capítulo 3 • 27 Ene 2026 8 vistas 2 min

El deterioro de Gregor se volvió irreversible. Su cuerpo, herido y debilitado, apenas respondía. Ya no comía, ya no se movía con la misma urgencia, ya no parecía luchar. La familia, por su parte, había terminado de adaptarse a una vida sin él. Gregor se había convertido en una presencia incómoda, algo que debía desaparecer.

La hermana, que al inicio fue su único apoyo, terminó pronunciando las palabras más duras. Declaró que aquello que habitaba la habitación ya no podía ser considerado Gregor. Mientras siguiera allí, la familia no podría vivir en paz. Sus palabras sellaron el destino del insecto y del hombre que alguna vez fue.

Gregor escuchó, comprendió y aceptó. No hubo rebeldía ni rencor. Solo una profunda tristeza mezclada con alivio. Por primera vez, pensó en los demás antes que en sí mismo. Convencido de que su desaparición sería un acto de liberación para su familia, dejó de aferrarse a la vida.

Esa noche, en soledad, Gregor murió. Su cuerpo fue encontrado a la mañana siguiente, rígido y sin vida. La reacción de la familia no fue de duelo, sino de descanso. La carga había terminado. El horror se disipaba.

Con la muerte de Gregor, la familia experimentó una extraña sensación de renacimiento. Salieron al aire libre, hicieron planes, imaginaron un futuro distinto. Grete, ahora libre de responsabilidades, se erguía como una joven llena de posibilidades. El mundo volvía a abrirse ante ellos.

La metamorfosis no concluye con la muerte del insecto, sino con la transformación final de la familia. Kafka deja al lector frente a una verdad incómoda: en una sociedad donde el valor humano depende de la utilidad, quien deja de servir queda condenado al olvido.

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