La decisión y la eliminación de la duda
Napoleon Hill sostiene que una de las mayores causas del fracaso es la incapacidad para decidir con firmeza. Las personas exitosas toman decisiones rápidas y las sostienen, mientras que quienes fracasan dudan, postergan y cambian de rumbo constantemente. La duda debilita la acción y diluye el poder del deseo.
Decidir no es simplemente elegir, es comprometerse. Cuando una persona decide de verdad, deja de buscar excusas y comienza a actuar con determinación. La indecisión, en cambio, abre espacio al miedo, a la influencia externa y a la opinión ajena. Hill afirma que quienes viven pendientes de lo que otros piensan rara vez alcanzan el éxito.
El autor señala que la duda suele disfrazarse de prudencia. Se espera el “momento perfecto”, la “seguridad total”, la “garantía de éxito”. Pero ese momento nunca llega. El progreso exige asumir riesgos y aceptar que el error es parte del camino.
Hill advierte que la duda se alimenta del miedo, especialmente al fracaso y a la crítica. Para eliminarla, es necesario desarrollar confianza interior y mantener el enfoque en el objetivo, ignorando las voces negativas externas e internas.
Este capítulo deja una verdad contundente:
la riqueza favorece a quienes deciden y actúan, no a quienes esperan.
La decisión firme marca el punto exacto en el que el deseo comienza a transformarse en realidad.