La mudanza y el camino peligroso
Louis Creed llegó a Ludlow con la sensación de estar empezando de nuevo. La casa era amplia, luminosa, rodeada de árboles altos que parecían protegerla del mundo exterior. Para su esposa Rachel y sus hijos, Ellie y el pequeño Gage, aquel lugar prometía tranquilidad, aire puro y una vida más lenta. Para Louis, además, significaba estabilidad: un nuevo trabajo como médico universitario y la oportunidad de dejar atrás el agotamiento de la ciudad.
Sin embargo, desde el primer día, algo desentonaba.
La carretera que pasaba frente a la casa era demasiado estrecha y demasiado transitada. Camiones enormes la recorrían a gran velocidad, día y noche, como si no existiera nada más a su alrededor. El ruido se volvía constante, casi hipnótico. Louis lo notó de inmediato, aunque intentó restarle importancia. Pensó que era solo una molestia menor, algo a lo que la familia se acostumbraría con el tiempo.
El vecino, Jud Crandall, fue el primero en advertirlo. Con voz pausada y mirada cansada, habló del camino como si fuera un viejo enemigo. No era una simple carretera: era una amenaza silenciosa, responsable de más tragedias de las que cualquiera quisiera contar. Jud no exageraba ni dramatizaba; hablaba con la serenidad de quien ha visto demasiado.
A pesar de todo, la familia comenzó a instalarse. Los niños exploraban el terreno, el gato Church se deslizaba entre los árboles y la casa empezaba a llenarse de vida. Louis observaba la escena con una mezcla de satisfacción y una inquietud difícil de explicar. Algo en ese lugar parecía observarlos de vuelta.
Esa noche, mientras el sonido de los camiones atravesaba la oscuridad, Louis comprendió que la mudanza no solo los había llevado a una nueva casa, sino a un territorio donde la muerte no era una idea lejana, sino una presencia cotidiana. El camino estaba ahí, siempre visible, siempre activo, como un recordatorio constante de que algunas amenazas no avisan antes de actuar.
Sin saberlo aún, Louis y su familia habían cruzado una frontera invisible. Ludlow no era solo un pueblo tranquilo. Era un lugar donde el dolor, la pérdida y las decisiones imposibles aguardaban con paciencia.