Entrar al campo de infinitas posibilidades
Existe un punto en el que la mente deja de mirar el mundo como algo fijo…
y comienza a percibirlo como un espacio de posibilidades.
Este capítulo introduce una de las ideas más transformadoras del libro: la realidad no es algo sólido e inmutable, sino un campo dinámico que responde al estado de conciencia desde el que se la observa. Cuando la mente está atrapada en el pasado, solo ve límites. Cuando se libera, comienza a ver opciones.
Aquí se presenta el concepto del campo de infinitas posibilidades: un nivel de la realidad donde el tiempo, la identidad y la materia no están definidos aún. Un espacio donde todo existe en potencia, esperando una señal clara para manifestarse.
El problema es que la mayoría de las personas nunca entra en ese campo. Vive demasiado identificada con su cuerpo, su historia y su entorno. Mientras la atención esté completamente enfocada en lo externo, la conciencia permanece atada a lo conocido.
Para acceder a ese campo, es necesario desconectarse momentáneamente de la identidad habitual. No pensar como “alguien”, no sentir como “yo”, no reaccionar como siempre. Solo observar. Solo estar.
Cuando esto ocurre, la mente deja de anticipar el futuro basado en el pasado. El ruido mental disminuye. La sensación del cuerpo se vuelve más sutil. Aparece un estado de presencia profunda donde la conciencia ya no está limitada por la experiencia previa.
En ese estado, algo cambia.
La intención deja de ser un deseo forzado y se convierte en una señal coherente. No nace de la carencia, sino de la claridad. Y el campo responde mejor a la claridad que a la necesidad.
El capítulo explica que no se trata de pedirle algo al universo, sino de alinearse con una posibilidad y permitir que se organice. Cuando la mente está en silencio y el cuerpo no interfiere con emociones del pasado, la conciencia puede interactuar con niveles más amplios de información.
Aquí se rompe otra creencia:
no atraes lo que quieres,
atraes lo que encarnas.
El campo de infinitas posibilidades no responde a la ansiedad ni al control. Responde a la coherencia, a la presencia y a la intención sostenida sin apego.
Este capítulo deja claro que entrar en ese campo no es un acto místico reservado para unos pocos. Es una habilidad entrenable. Un estado al que se accede cuando la mente deja de aferrarse a lo conocido y se abre a lo que aún no existe.
Y cuando eso ocurre, la realidad deja de sentirse cerrada.
Porque en ese espacio,
todo puede comenzar de nuevo.