Las primeras estrellas y galaxias

Capítulo 3 • 23 Ene 2026 8 vistas 2 min

Tras el nacimiento del universo, pasó un largo período de oscuridad. Aunque la materia ya existía, aún no había estrellas que iluminaran el cosmos. José María Maza explica que durante millones de años el universo estuvo compuesto principalmente por hidrógeno y helio, gases simples que comenzaron a agruparse lentamente bajo la fuerza de la gravedad.

Con el paso del tiempo, esas enormes nubes de gas colapsaron sobre sí mismas. En sus centros, la presión y la temperatura aumentaron hasta alcanzar un punto crítico: el encendido de las primeras estrellas. Fue entonces cuando el universo dejó de ser oscuro y comenzó a brillar. Estas primeras estrellas, gigantes y extremadamente calientes, marcaron un antes y un después en la historia cósmica.

Maza señala que estas estrellas primitivas eran muy distintas a las que observamos hoy. Vivían poco tiempo y consumían su combustible rápidamente. Sin embargo, su importancia fue fundamental, ya que en su interior comenzaron a formarse elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Con su muerte, muchas de ellas explotaron y dispersaron esos nuevos elementos en el espacio.

El autor explica que, a partir de este proceso, comenzaron a formarse las primeras galaxias. Las estrellas no nacieron de forma aislada, sino agrupadas en grandes estructuras que crecieron y evolucionaron con el tiempo. Las galaxias se convirtieron en verdaderas fábricas cósmicas, donde nacen y mueren estrellas de manera constante.

Este capítulo destaca que sin estas primeras generaciones de estrellas no existirían los elementos necesarios para formar planetas, océanos ni vida. Todo lo que hoy consideramos complejo tiene su origen en esos primeros fuegos cósmicos que iluminaron el universo.

Maza concluye mostrando que las estrellas no son simples puntos de luz en el cielo, sino protagonistas de una historia larga y profunda. Al comprender cómo nacieron las primeras estrellas y galaxias, damos un paso más para entender cómo el universo comenzó a construir las condiciones que, mucho tiempo después, permitirían nuestra propia existencia.

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