Las estrellas como fábricas de elementos

Capítulo 4 • 23 Ene 2026 8 vistas 2 min

José María Maza explica que las estrellas no solo iluminan el universo, sino que cumplen una función esencial: fabricar los elementos que permiten la existencia de todo lo que conocemos. En su interior ocurren reacciones nucleares que transforman los elementos más simples en otros cada vez más complejos. Este proceso es el verdadero origen material de la vida.

El autor describe cómo, en el corazón de las estrellas, el hidrógeno se fusiona para formar helio, liberando enormes cantidades de energía. A medida que las estrellas envejecen y aumentan su tamaño y temperatura, comienzan a producir elementos más pesados, como carbono, oxígeno, nitrógeno y silicio. Cada etapa de la vida estelar aporta nuevos componentes al universo.

Maza destaca que no todas las estrellas producen los mismos elementos. Las estrellas más pequeñas tienen ciclos más largos y generan elementos ligeros, mientras que las estrellas masivas viven rápido y mueren jóvenes. En sus últimos momentos, estas estrellas gigantes crean los elementos más pesados, incluidos aquellos esenciales para la vida humana.

Cuando una estrella masiva llega al final de su vida, puede explotar en una supernova. Estas explosiones no solo son espectáculos impresionantes, sino eventos fundamentales para el universo. En ellas se forman elementos como el hierro y otros aún más pesados, que son expulsados al espacio y se mezclan con el gas interestelar.

El autor subraya que sin estas explosiones estelares el universo sería químicamente simple y estéril. No existirían planetas rocosos, agua ni estructuras complejas. Cada átomo pesado presente en nuestro cuerpo fue forjado en el interior de una estrella y liberado al cosmos mucho antes de que la Tierra existiera.

El capítulo concluye reforzando la idea central del libro: no somos ajenos al universo. Nuestra materia tiene una historia cósmica profunda. Al comprender que las estrellas actuaron como fábricas de los elementos que hoy nos componen, la frase “somos polvo de estrellas” deja de ser una metáfora poética y se convierte en una afirmación científica.

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