El origen de la vida en la Tierra
José María Maza aborda uno de los pasos más asombrosos de la historia cósmica: el momento en que la materia inerte dio origen a la vida. Tras la formación de la Tierra, el planeta pasó por un largo período de transformaciones violentas. Su superficie era inestable, la actividad volcánica intensa y los impactos de asteroides frecuentes. Sin embargo, en medio de ese caos, comenzaron a surgir las condiciones que harían posible la vida.
El autor explica que los elementos necesarios para la vida —carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros— ya estaban presentes gracias a la herencia estelar del sistema solar. En la Tierra primitiva, estos elementos interactuaron en océanos tempranos y atmósferas cambiantes, dando lugar a moléculas cada vez más complejas. La química, guiada por las leyes físicas, comenzó a organizarse.
Maza destaca que el origen de la vida no fue un evento instantáneo ni milagroso. Fue un proceso lento, marcado por innumerables intentos fallidos. Moléculas simples se combinaron, se deshicieron y volvieron a formarse durante millones de años hasta que algunas lograron replicarse y mantenerse en el tiempo. Ese fue el primer gran paso hacia la vida.
El capítulo también subraya que la vida temprana fue extremadamente simple. Los primeros organismos eran microscópicos y vivían en condiciones muy distintas a las actuales. Aun así, lograron modificar su entorno, liberando oxígeno y transformando la atmósfera terrestre, lo que permitió la aparición de formas de vida más complejas.
Maza invita a comprender que la vida no está separada del cosmos, sino que es una consecuencia directa de su evolución. Las mismas leyes que rigen el nacimiento de las estrellas y los planetas también guiaron la aparición de los primeros seres vivos en la Tierra.
El capítulo concluye señalando que preguntarse por el origen de la vida es, en el fondo, preguntarse por nuestro lugar en el universo. Al entender que la vida surge de procesos naturales profundamente conectados con la historia cósmica, la frontera entre el cielo y la Tierra se vuelve cada vez más difusa.