Capítulo 1
El Niño que Leía el Mundo
Seattle, 1960. La lluvia cae sobre las ventanas de una casa de clase alta en el barrio de Laurelhurst. Adentro, un niño de cuatro años no está jugando con bloques ni viendo dibujos animados. Está leyendo la enciclopedia.
Su nombre es William Henry Gates III. Y desde el principio, algo en él es diferente.
Su padre, William Gates Jr., es un abogado exitoso con conexiones profundas en el establishment de Seattle. Su madre, Mary Maxwell Gates, es una mujer de acero: directora de bancos, presidenta de organizaciones cívicas, miembro de la junta de United Way a nivel nacional. No es una familia común. Es una familia con acceso.
"Mi madre siempre decía que si vas a competir, tienes que conocer las reglas mejor que nadie. Y luego, cambiarlas."
Desde pequeño, Bill Gates desarrolla una característica que lo acompañará toda la vida: la necesidad obsesiva de ganar. No por ego. Por lógica. Para él, perder no es solo un fracaso, es una ineficiencia del sistema.
En la escuela primaria, sus maestros no saben qué hacer con él. Es brillante, pero desafiante. Cuestiona todo. Corrige a los profesores. Sus padres, preocupados, lo envían a un psicólogo. El diagnóstico informal: el chico simplemente está aburrido.
La solución llega en forma de una decisión que cambiaría la historia de la tecnología: inscribirlo en Lakeside School, la escuela privada de élite de Seattle. Y fue ahí, en ese edificio de ladrillo rojo con olor a madera y ambición, donde Bill Gates encontró su destino.