Capítulo 3

Harvard o el Mundo: La Apuesta

27 Abr 2026 5 vistas 2 min

1973. Bill Gates entra a Harvard con un SAT casi perfecto en matemáticas. Podría ser lo que quisiera: abogado como su padre, médico, científico. Harvard es la puerta a cualquier destino.
Pero Gates no va a Harvard a graduarse. Va a pensar.
Sus compañeros de cuarto lo recuerdan como alguien que podía no dormir durante días, trabajando en problemas de programación, y luego colapsar durante horas. Tenía una mente que funcionaba en ráfagas de intensidad brutal.
En ese período, Paul Allen sigue obsesionado con una idea que comparte con Gates cada vez que puede: las computadoras van a ser para todos. No solo para universidades y grandes corporaciones. Para todo el mundo. Y quien escriba el software para esas máquinas, controlará el futuro.
"El hardware es el cuerpo. El software es el alma. Y el alma siempre vale más."
Enero de 1975. La revista Popular Electronics publica en su portada el Altair 8800: la primera computadora personal comercial. No tiene teclado. No tiene pantalla. No hace prácticamente nada útil. Pero Gates y Allen ven algo que nadie más ve: esa máquina necesita un lenguaje. Necesita un cerebro.
Gates llama al fabricante, MITS, y les dice que tiene un intérprete de BASIC listo para el Altair. Una mentira calculada. No tenía nada. Tenía ocho semanas para construirlo antes de la demostración.
Lo lograron. Y Bill Gates nunca volvió a Harvard.

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