Salida controlada

Capítulo 11 • 10 Feb 2026 2 vistas 3 min

El sobre seguía en mis manos cuando sonó el aviso de seguridad. No era una alarma. Era peor. Un tono bajo, constante, diseñado para no alertar a nadie que no supiera escuchar.

PROTOCOLO DE MOVILIDAD — NIVEL AMARILLO

Leí el mensaje dos veces. Nivel amarillo significaba supervisión discreta. No estaba detenida. Tampoco libre.

Guardé el sobre en el bolso sin abrirlo. Si lo hacía ahí, dentro del centro, todo quedaría registrado de alguna forma. San Marcos no necesitaba cámaras para saber cuándo alguien cruzaba una línea.

Caminé hacia la salida principal con el pulso estable a fuerza de costumbre. Saludé al guardia. Pasé mi credencial. Todo funcionó.

Eso fue lo más inquietante.

Afuera, el aire me golpeó con una sensación olvidada: amplitud. Ruido real. Gente que no pertenecía a ningún archivo.

No caminé hacia mi auto de inmediato. Crucé la calle y me senté en una banca pública, a plena vista. Si alguien me seguía, que lo hiciera sin esconderse.

Abrí el sobre.

Dentro había un pendrive negro, sin marcas, y una sola hoja.

“Copia parcial.
No todo debe salir a la vez.
Empieza por lo que recuerdas.”

Nada más.

Miré el dispositivo con una mezcla de alivio y terror. Aquello era una salida. También una prueba. Si lo conectaba en casa, si lo abría sin precauciones, podría estar firmando algo peor que una confesión.

El teléfono vibró.

Número oculto.

—No mires atrás —dijo la voz sin preámbulos—. Caminas mejor cuando crees que nadie te sigue.

—¿Eres tú? —pregunté.

—Hoy no importa quién soy —respondió—. Importa que San Marcos no va a detenerte. Va a observar qué haces con el archivo.

—¿Y tú?

—Yo ya hice mi elección.

La llamada se cortó.

Me levanté y caminé hasta el auto. No miré los espejos. No aceleré. Conduje como cualquier otra persona saliendo del trabajo.

En casa, no encendí el computador personal. Saqué un portátil viejo del armario, uno que no usaba desde antes de San Marcos. Lo encendí sin conectarlo a la red. Inserté el pendrive.

Una sola carpeta.

0417 — EXTERNOS

Dentro, audios, transcripciones, fechas. No informes clínicos. Testimonios. Declaraciones no oficiales. Conversaciones interrumpidas.

Y un video.

Lo abrí.

La imagen era mala, tomada desde lejos. Una cámara fija. Una piscina. Gente moviéndose al fondo. Una figura cayendo. Otra mirando. Otra alejándose.

Reconocí el lugar.
Reconocí el ángulo.

Reconocí mi postura.

Cerré el portátil de golpe.

No lloré. No grité. No me moví durante varios minutos.

Porque ya no se trataba de memoria.
Era evidencia.

Y por primera vez entendí el verdadero alcance de la elección que me ofrecían.

Si hablaba, San Marcos caería… pero no sola.
Si callaba, el sistema seguiría funcionando… conmigo dentro.

Miré el pendrive una vez más.

No era un archivo de escape.
Era una transferencia de responsabilidad.

Y ahora, la pregunta ya no era qué había pasado aquella noche.

Era qué iba a hacer yo con ello.

Comentarios

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!