Capítulo 10
La primera vez que lo dijo
Fue una tarde de diciembre cuando Mateo lo dijo por primera vez. Sin buscarlo. Sin prepararlo. Simplemente sucedió, como suceden las cosas que son verdaderas.
Estaban en la librería después del cierre. Valentina apagaba las luces una por una, y Mateo la seguía entre las estanterías como si le diera pereza marcharse.
—Me gusta estar aquí —dijo él—. Contigo.
—A mí también me gusta que estés —respondió ella sin darse la vuelta.
—No, Valentina. —Su voz sonó diferente. Más seria. Más expuesta—. Quiero decir que me gustas. Que desde el primer día me gustas.
Valentina apagó la última luz. En la oscuridad del local solo entraba el resplandor de la calle, y en esa luz difusa Mateo parecía más real que nunca.
Se dio la vuelta.
—Lo sé —dijo.
—¿Lo sabías?
—Desde hace semanas.
Mateo se acercó un paso.
—¿Y bien?
Valentina dio el paso que faltaba.
—Y bien —repitió—, que a mí también.
El primer beso llegó después. Suave, incierto, perfecto. Del tipo que no termina de verdad aunque los labios se separen.