Capítulo 11

Domingos y otros milagros

15 Abr 2026 1 vistas 1 min

Los domingos cambiaron de forma. Antes eran el día más largo de la semana para Valentina: ese hueco silencioso entre el sábado y el lunes donde el tiempo se estiraba sin saber bien qué hacer consigo mismo.
Ahora los domingos tenían a Mateo en ellos.
Desayunaban tarde. Leían en silencio en lados opuestos del sofá, con los pies entrelazados en el centro como punto de encuentro. Escuchaban música que ninguno había escuchado antes. Cocinaban cosas que a veces salían bien y a veces eran un desastre memorable.
Valentina descubrió que Mateo cantaba mientras cocinaba. No bien, pero con una entrega total que hacía imposible no reír.
Mateo descubrió que Valentina lloraba con los finales felices tanto como con los tristes.
—¿Por qué lloras si es un final feliz? —preguntó un domingo con genuina perplejidad.
—Porque me alegra que existan —respondió ella—. Y eso tiene que salir por algún sitio.
Mateo la miró un momento. Luego asintió como si acabara de comprender algo importante.
—Tiene sentido —dijo.
Y eso, pensó Valentina, era lo mejor de él: que siempre acababa encontrando el sentido.

Comentarios

Inicia sesión para comentar

Iniciar sesión

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!