Capítulo 18
Lo que construyen las manos
Mateo tenía un proyecto nuevo. Un edificio pequeño en las afueras, nada monumental, pero que le importaba más que ninguno anterior. Lo explicó una noche con planos extendidos sobre la mesa del comedor, señalando detalles que Valentina no entendía del todo pero que escuchaba con atención.
—Esta es la parte que más me gusta —dijo señalando un ángulo en la fachada—. Cuando la luz de la tarde entra aquí, el espacio cambia completamente.
—¿Cómo sabes cómo va a entrar la luz si aún no está construido?
—Porque lo he calculado. Y porque confío en ello.
Valentina lo miró.
—¿Confías en algo que no existe todavía?
—Todo lo que existe empezó sin existir —respondió él, como si fuera obvio.
Más tarde, cuando Mateo estaba dormido, Valentina se quedó mirando los planos. Pensó en lo que había dicho. Confiar en algo que no existe todavía. Apostar por algo antes de verlo.
Pensó que eso era exactamente lo que había hecho con él desde el principio.
Y que había valido la pena cada milímetro.