Capítulo 8

La ciudad de noche

15 Abr 2026 1 vistas 2 min

Fue Mateo quien propuso el paseo nocturno. Una de esas ideas que llegan sin previo aviso una noche de viernes, cuando las calles aún están despiertas y el frío del invierno pone las cosas en su sitio.
Caminaron sin rumbo fijo. Eso era lo mejor: no tener destino. Solo seguir el flujo de la ciudad, cruzar plazas, asomarse a calles que ninguno de los dos había pisado antes.
Mateo le habló de los edificios que veían. Les contaba su historia —real o inventada, Valentina nunca estaba segura— con esa voz pausada que tenía cuando algo le importaba de verdad.
Ella le hablaba de los libros que le recordaban los lugares: esa esquina olía a Pessoa, esa farola pertenecía a una novela de Carver, ese portal era sin duda de Cortázar.
En algún punto de la noche, sus manos se encontraron. No fue accidental esta vez. Fue una decisión pequeña, silenciosa, irrevocable.
Caminaron así el resto del trayecto. Sin hablar de lo que significaba. Sin necesitar hacerlo.
Cuando llegaron al metro, Mateo se giró hacia ella.
—La próxima semana —dijo, como si fuera una promesa.
—La próxima semana —repitió Valentina.
Y las dos palabras supieron a algo que no se podía devolver.

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