Ayudar al niño a manejar emociones intensas

Capítulo 5 • 26 Ene 2026 7 vistas 2 min

Las emociones intensas pueden resultar abrumadoras para un niño. Miedo, rabia, tristeza o frustración aparecen con una fuerza que el cerebro infantil aún no sabe regular por sí solo. En este capítulo, Siegel y Bryson explican que el rol del adulto no es apagar esas emociones, sino enseñar al niño a comprenderlas y atravesarlas.

Cuando un niño vive una emoción fuerte, su cuerpo reacciona antes que su pensamiento. El corazón se acelera, la respiración se agita y la mente se nubla. Pedir calma inmediata o minimizar lo que siente solo aumenta la confusión. En cambio, acompañar y poner palabras a la emoción ayuda al cerebro a organizar la experiencia.

Los autores destacan la importancia de nombrar lo que el niño siente. Decir “estás muy enojado” o “esto te dio miedo” permite que el cerebro emocional se conecte con el racional. Esa conexión reduce la intensidad emocional y le enseña al niño que sus sentimientos son comprensibles y manejables.

También señalan que las emociones no deben evitarse ni reprimirse. Al contrario, cuando el niño aprende que puede sentir sin perder el vínculo con el adulto, desarrolla seguridad emocional. Poco a poco, irá internalizando esas estrategias y podrá regularse con mayor autonomía.

Este capítulo enseña que educar emocionalmente no es eliminar el conflicto, sino usarlo como una oportunidad para fortalecer la inteligencia emocional del niño y ayudarlo a crecer con mayor equilibrio interior.

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