La tercera ley: hacer los hábitos simples
En el séptimo capítulo, James Clear desarrolla la tercera ley del cambio de conducta y pone el foco en la facilidad de ejecución de los hábitos. El autor explica que las personas no suelen fallar por falta de motivación, sino porque los hábitos que intentan construir resultan demasiado complejos o demandantes. Cuando una acción requiere mucho esfuerzo, es menos probable que se repita de manera constante.
Clear plantea que el factor decisivo para que un hábito se mantenga no es la intención, sino la repetición. Para lograr esa repetición, el hábito debe ser simple y fácil de ejecutar. El libro enfatiza que reducir la fricción asociada a un comportamiento positivo aumenta drásticamente las probabilidades de que se realice, mientras que incrementar la fricción en los hábitos negativos ayuda a debilitarlos. Pequeños obstáculos pueden marcar una gran diferencia en la conducta diaria.
A lo largo del capítulo, se desarrolla la idea de que la práctica constante es más importante que la perfección. El objetivo inicial de un hábito no es hacerlo de forma excelente, sino hacerlo de manera regular. Clear muestra que comenzar con acciones mínimas permite establecer la rutina sin generar resistencia, y que una vez que el hábito está en marcha, resulta más fácil ampliarlo o mejorarlo con el tiempo.
El capítulo concluye reforzando que la verdadera dificultad del cambio no está en empezar con grandes esfuerzos, sino en mantener la constancia. Al diseñar hábitos que sean simples y accesibles, se elimina la dependencia de la fuerza de voluntad y se construyen comportamientos que pueden sostenerse incluso en momentos de baja motivación.