Capítulo 3

El café de los martes

15 Abr 2026 1 vistas 1 min

Mateo empezó a venir los martes. Valentina no supo si era casualidad o intención, pero a partir de la tercera semana dejó de importarle la respuesta.
Siempre llegaba a las seis de la tarde, justo cuando la luz entraba sesgada por los ventanales y pintaba el suelo de la librería de un color que recordaba a la miel. Elegía un libro, se lo llevaba, y antes de salir se detenía en el mostrador.
Hablaban de literatura. Luego de cine. Luego de esas cosas que no tienen nombre pero que ocupan mucho espacio dentro de una persona.
Un martes, Mateo señaló la cafetería del otro lado de la calle.
—¿Alguna vez has tomado café ahí?
—Todos los días —respondió Valentina.
—¿Y si lo tomamos juntos algún día?
Ella tardó exactamente un segundo en responder. Un segundo que valió un año.
—El jueves salgo a las cinco —dijo.
Mateo asintió, como si ese jueves ya existiera en su cabeza desde hacía tiempo.
Y así fue como empezó todo. Con un café, una hora, y dos personas que todavía no sabían que ya habían empezado a caer.

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