El papel de la memoria y el miedo
El miedo es una emoción fundamental para la supervivencia, pero en la infancia puede adquirir una intensidad desproporcionada. Siegel y Bryson explican que el cerebro del niño aún no distingue con claridad entre un peligro real y uno imaginado, y que la memoria juega un papel clave en este proceso.
Cuando un niño vive una experiencia que le genera miedo, su cerebro la almacena de forma muy vívida. Si esa experiencia no es procesada adecuadamente, puede reaparecer más adelante como ansiedad, pesadillas o reacciones exageradas ante situaciones similares. El niño no siempre recuerda el origen del miedo, pero su cuerpo sí.
Los autores destacan la importancia de ayudar al niño a revisitar esos recuerdos de manera segura. Hablar sobre lo ocurrido, validar el miedo y explicar lo que pasó permite que el cerebro reinterprete la experiencia. Así, el recuerdo deja de ser una amenaza constante y se transforma en aprendizaje.
Evitar el tema o minimizar el miedo suele reforzarlo. En cambio, acompañar al niño mientras revive la experiencia desde un entorno seguro le enseña que el miedo puede ser enfrentado. Poco a poco, el cerebro aprende a diferenciar entre lo que es peligroso y lo que no.
Este capítulo muestra que la memoria no es solo un registro del pasado, sino una herramienta poderosa para el crecimiento emocional. Cuando el niño aprende a comprender sus miedos, desarrolla confianza y resiliencia frente al mundo que lo rodea.